La adaptación no es un trámite: es un encuentro. La familia y el jardín empiezan a conocerse, y el niño o la niña necesita tiempo para sentirse seguro.
Acuerdos claros, tiempos reales
Antes de empezar conversamos sobre rutinas, sueño, comida y vínculos. Después armamos juntos un primer día posible, con horarios que se van ampliando.
No hay una receta única. Observamos, preguntamos y ajustamos. La confianza se construye en esos pequeños gestos repetidos.